... que, desde la reforma de casa, repta grácilmente bajo las losas del cuarto de baño, desde el radiador toallero junto al ventanuco, hasta la caldera, ya al otro lado de la pared de la cocina.
Un brindis por esa bendita, gozosa, divina tubería que en las mañanas gélidas me alegra los pies descalzos.
Hace frío y la foto de abajo la he sacado de aquí.
16 de diciembre de 2010
15 de diciembre de 2010
Por María, la cajera del Día
Hablé de ella hace unos cuantos post.
Pero ya no es la misma.
Para empezar se ha cambiado el peinado. Ahora lleva una trenza lateral, despeinada a lo Diane Kruger.
Así:
Se ha soltado las horquillas del flequillo y juraría que hasta ha puesto una gota de rímel en las pestañas. No quiero exagerar, pero aventuraría que tal vez, tal vez, se vislumbra un síesnoes de blush en las mejillas.
María ya no pregunta por la tarjeta del Día antes de empezar a trasegar con yogures y manzanas en oferta -pasa olímpicamente de la tarjeta y de si te olvidas de ella-. Y si la cola de atribulados compradores de última hora sobrepasa los estantes de los kiwis, no se pone nerviosa, ni toca su campanita. Continúa concienzuda y sonriente sin perder un ápice de aplomo.
Sobre la muy horrenda bata roja de dependienta se ha colgado un collar nuevo.
Quizás es la cercanía de la Navidad... quizás María ha empezado sus clases de japonés, se ha apuntado a un intensivo de danza del vientre, se ha inscrito a un club de bondage o se le ha mudado al barrio el doble de Jon Kortajanera. Quizás sólo se ha echado novio, quizás entre los atribulados compradores de última hora, quizás no.
Pero es la primera tarde que veo a María sonreír con ganas, así que un brindis por ella.
Pero ya no es la misma.
Para empezar se ha cambiado el peinado. Ahora lleva una trenza lateral, despeinada a lo Diane Kruger.
Así:
Se ha soltado las horquillas del flequillo y juraría que hasta ha puesto una gota de rímel en las pestañas. No quiero exagerar, pero aventuraría que tal vez, tal vez, se vislumbra un síesnoes de blush en las mejillas.
María ya no pregunta por la tarjeta del Día antes de empezar a trasegar con yogures y manzanas en oferta -pasa olímpicamente de la tarjeta y de si te olvidas de ella-. Y si la cola de atribulados compradores de última hora sobrepasa los estantes de los kiwis, no se pone nerviosa, ni toca su campanita. Continúa concienzuda y sonriente sin perder un ápice de aplomo.
Sobre la muy horrenda bata roja de dependienta se ha colgado un collar nuevo.
Quizás es la cercanía de la Navidad... quizás María ha empezado sus clases de japonés, se ha apuntado a un intensivo de danza del vientre, se ha inscrito a un club de bondage o se le ha mudado al barrio el doble de Jon Kortajanera. Quizás sólo se ha echado novio, quizás entre los atribulados compradores de última hora, quizás no.
Pero es la primera tarde que veo a María sonreír con ganas, así que un brindis por ella.
12 de diciembre de 2010
Por Fuerteventura, donde no hay cobertura...
...donde las dunas de arena blanca son infinitas y desiertas...
... donde el océano tiene el color de la esmeralda y el viento corta la piel, donde las calas de arena negra brillan al sol y los surferos son felices, apolíneos y bronceados (paraíso de los paraísos en Corralejo, gozo de gozos playeros en Jandía )
(arriba Ajuy, abajo Faro del Matorral, en la Península de Jandía)
Un brindis por Fuerteventura, por sus sempiternos 24º grados, por sus papas con mojo, sus ambrosías Tirma, sus guiris recocidos (oh, dicha de los jubilados de medio mundo en Fuerteventura) y por sus cremitas de aloe vera. Por su pescadito frito y sus cervezas Tropicales, por su calma infinita...
Un brindis por la sombra de Unamuno en Betancuria, por las catedrales oscuras, por las Iglesias con motivos mayas...
...por los pueblos majoreros, por las ardillas y los miradores.
Un brindis por el gozo infinito de no hacer absolutamente nada, y de no hacerlo a pleno sol, en un refugio donde siempre es primavera.
... donde el océano tiene el color de la esmeralda y el viento corta la piel, donde las calas de arena negra brillan al sol y los surferos son felices, apolíneos y bronceados (paraíso de los paraísos en Corralejo, gozo de gozos playeros en Jandía )
(arriba Ajuy, abajo Faro del Matorral, en la Península de Jandía)
Un brindis por Fuerteventura, por sus sempiternos 24º grados, por sus papas con mojo, sus ambrosías Tirma, sus guiris recocidos (oh, dicha de los jubilados de medio mundo en Fuerteventura) y por sus cremitas de aloe vera. Por su pescadito frito y sus cervezas Tropicales, por su calma infinita...
Un brindis por la sombra de Unamuno en Betancuria, por las catedrales oscuras, por las Iglesias con motivos mayas...
...por los pueblos majoreros, por las ardillas y los miradores.
Un brindis por el gozo infinito de no hacer absolutamente nada, y de no hacerlo a pleno sol, en un refugio donde siempre es primavera.
3 de diciembre de 2010
Un brindis por Giulio Berruti
Lectoras obligan. Este post va por ustedes, por petición popular. ¿Qué no hará una por sus seguidoras, tras curiosear en las "stats" de blogspot y darse cuenta de lo que realmente gusta a su público?
Ni me extraña el interés, ni me cuesta loar de nuevo la belleza apolínea y espectacular de mi reciente descubrimiento en Bon Appetit.
Giulio Berruti, un romano veintiseisañero de evidentes talentos, se merece un millón de brindis por más que nos remueva, a las más maduritas, los remordimientos de Sra Robbinson.
Además de regodearme con google images (¿quién supiera subir todavía en mayor tamaño tan estéticamente impactantes y memorables fotografías?), para escribir este post he tenido que documentarme sobre el fornido mozalbete.
Y gracias a la siempre útil wikipedia, a esa ya imprescindible IMDB y a unas cuantas webs de cotilleos transalpinos, he sabido que este odontólogo (si mi dentista se pareciera en algo a Giulio, creo que me haría dos empastes por semana) dio sus primeros pasitos como modelo en campañas de publicidad y apareciendo en telefilmes tan poco recomendables como algo llamado Lizzie McGuire (¡qué duro es crecer si eres Hillary Duff!). Menos mal que, como buen Libra, nuestro amigo perseveró en sus ansias actorales sin desfallecer ante semejantes tostones televisivos.
Llegó la suertuda de María Valverde y, en 2005, compartió reparto con el guaperas de marras en ese bodrio monumental de Melissa P (que habrá que alquilar en algún videoclub ahora que sabemos que sale en esta peli sobre el descubrimiento del erotismo adolescente aparece Giulio) y luego, con La flecha negra (adaptación de la novela homónima de R.L.Stevenson, dirigida por Fabrizio Costa, coprotagonizada por otro guaperas italiano como Riccardo Scamarcio y evaluada con un 4.9 por los seguidores de IMDB), Giulio se hizo un hueco definitivamente en el corazón de sus connacionales. Allí le pudieron ver (quienes le vieran) con atuendo de época y favorecedora melenita principesca.
Llegó la miniserie "La Hija de Elisa. El regreso a la Rivombrosa" y no hubo más que decir (además, ésta en IMDB la evalúan con un 7.1), pasó por la habitación 4U en otra miniserie famosa en Italia, "El huesped perfecto" (que protagonizó para aclamación femenil) y de ahí a mimar fogones junto a Unax Ugalde en la cinta gastronómica de David Pinillos.
¿Más secretos sobre el bello romano? Le molan las series (ahora mismo vuelve con "El halcón y la paloma!), sale con una actriz ucraniana requeteguapa llamada Anna Safroncik (dios los cría...) y tiene un cachorro de Huski dorado con el que pasea por las Dolomitas.
aquí iba a publicar una foto de Giulio con Anna pero he decidido que paso, son demasiado guapos y muero de envidia.
¿Más secretos aún? Todos los que queráis desentrañar, los encontráis en su mismísimo blog
Bravo, Giulio! Un brindis por ti.
Ni me extraña el interés, ni me cuesta loar de nuevo la belleza apolínea y espectacular de mi reciente descubrimiento en Bon Appetit.
Giulio Berruti, un romano veintiseisañero de evidentes talentos, se merece un millón de brindis por más que nos remueva, a las más maduritas, los remordimientos de Sra Robbinson.Además de regodearme con google images (¿quién supiera subir todavía en mayor tamaño tan estéticamente impactantes y memorables fotografías?), para escribir este post he tenido que documentarme sobre el fornido mozalbete.
Y gracias a la siempre útil wikipedia, a esa ya imprescindible IMDB y a unas cuantas webs de cotilleos transalpinos, he sabido que este odontólogo (si mi dentista se pareciera en algo a Giulio, creo que me haría dos empastes por semana) dio sus primeros pasitos como modelo en campañas de publicidad y apareciendo en telefilmes tan poco recomendables como algo llamado Lizzie McGuire (¡qué duro es crecer si eres Hillary Duff!). Menos mal que, como buen Libra, nuestro amigo perseveró en sus ansias actorales sin desfallecer ante semejantes tostones televisivos.
Llegó la suertuda de María Valverde y, en 2005, compartió reparto con el guaperas de marras en ese bodrio monumental de Melissa P (que habrá que alquilar en algún videoclub ahora que sabemos que sale en esta peli sobre el descubrimiento del erotismo adolescente aparece Giulio) y luego, con La flecha negra (adaptación de la novela homónima de R.L.Stevenson, dirigida por Fabrizio Costa, coprotagonizada por otro guaperas italiano como Riccardo Scamarcio y evaluada con un 4.9 por los seguidores de IMDB), Giulio se hizo un hueco definitivamente en el corazón de sus connacionales. Allí le pudieron ver (quienes le vieran) con atuendo de época y favorecedora melenita principesca.
Llegó la miniserie "La Hija de Elisa. El regreso a la Rivombrosa" y no hubo más que decir (además, ésta en IMDB la evalúan con un 7.1), pasó por la habitación 4U en otra miniserie famosa en Italia, "El huesped perfecto" (que protagonizó para aclamación femenil) y de ahí a mimar fogones junto a Unax Ugalde en la cinta gastronómica de David Pinillos.
¿Más secretos sobre el bello romano? Le molan las series (ahora mismo vuelve con "El halcón y la paloma!), sale con una actriz ucraniana requeteguapa llamada Anna Safroncik (dios los cría...) y tiene un cachorro de Huski dorado con el que pasea por las Dolomitas.
aquí iba a publicar una foto de Giulio con Anna pero he decidido que paso, son demasiado guapos y muero de envidia.
¿Más secretos aún? Todos los que queráis desentrañar, los encontráis en su mismísimo blog
Bravo, Giulio! Un brindis por ti.
1 de diciembre de 2010
Un brindis por Vegaviana
Ya se huele en el horizonte la pantagruélica Navidad, con sus lucecitas vivarachas, sus corderos asados, sus jubilosas borracheras y sus toneladas de dulces (venga un panettone, venga un polvorón, pásame una trufa, anda, que le pego un bocao a la tableta de turrón...)
Y ya conozco a más de una, más lista y voluntariosa que yo, que se ha apuntado a alguna dieta preventiva y disociada.
Yo lo intento, engullir con cordura y mesura. Y en previsión de las comilonas que vienen, con sus langostinos, sus salmones ahumados, sus lenguados Menier y sus aperitivillos de Ibéricos, me dejo caer cuando puedo por algunos de mis vegetarianos predilectos (una justificación como otra cualquiera para comer sano, sin pasar hambre)
Ni el muy recomendable Granero de la calle Argumosa Argumosa, ni la encantadora La Gallete, ni el buenrollero y divertido buffet de Viva la Vida, ni siquiera el diminuto vegetariano de Malasaña (en la placita junto a Espíritu Santo) ganan en mi apuesta personal por la cocina vegetariana en Madrid. Tras años de perseverar con La Biotika de Amor de Dios (perseverancia más asociada a la vecindad que a mi devoción por su austera carta), he encontrado mi paraíso anticarnívoro.
Y es que no hay vegetariano tan rico, tan agradable y con camareros tan majos como el Vegaviana (calle Pelayo, 35, metro Chueca)
Si sé que voy a cenar allí me paso la clase de Yoga fantaseando con sus hamburguesas de avena y salsa de yogur, con su revuelto de tofu, cebolla y tomates secos o con su quiche de puerros. Se me da fatal lo de meditar...
Su sopa de mijo está buenísima (y no te pone la cara de pena que ponen las sopas macrobióticas), sus ensaladas son excepcionales, las pizzas tienen mucho encanto, hay una sabrosa selección de Supremas de Pollo de Corral (es un vegetariano tolerante, Vegaviana, y la suprema con puerros y queso azul es una maravilla). Los postres, obra de un cocinero italiano feliz y con muy buena mano para el dulce, son deliciosos. ¡Bendito tiramisú!
Además, tiene unas infusiones digestivas agradables y bienhechoras y te premia con un chupito de licor las noches de frío y heladas (y también las de verano y las de primavera y las de otoño)
Total que a mí me gusta un montón Vegaviana (que, además, tiene un precio realmente módico y anticrisis) y no sé si servirá de mucho como prevención prenavideña -sobre todo por el Tiramisú y los licores de flores- pero, en lo que a vegetarianos madrileños se refiere, es mi predilecto sin discusión posible.
Y ya conozco a más de una, más lista y voluntariosa que yo, que se ha apuntado a alguna dieta preventiva y disociada.
Yo lo intento, engullir con cordura y mesura. Y en previsión de las comilonas que vienen, con sus langostinos, sus salmones ahumados, sus lenguados Menier y sus aperitivillos de Ibéricos, me dejo caer cuando puedo por algunos de mis vegetarianos predilectos (una justificación como otra cualquiera para comer sano, sin pasar hambre)
Ni el muy recomendable Granero de la calle Argumosa Argumosa, ni la encantadora La Gallete, ni el buenrollero y divertido buffet de Viva la Vida, ni siquiera el diminuto vegetariano de Malasaña (en la placita junto a Espíritu Santo) ganan en mi apuesta personal por la cocina vegetariana en Madrid. Tras años de perseverar con La Biotika de Amor de Dios (perseverancia más asociada a la vecindad que a mi devoción por su austera carta), he encontrado mi paraíso anticarnívoro.
Y es que no hay vegetariano tan rico, tan agradable y con camareros tan majos como el Vegaviana (calle Pelayo, 35, metro Chueca)
Si sé que voy a cenar allí me paso la clase de Yoga fantaseando con sus hamburguesas de avena y salsa de yogur, con su revuelto de tofu, cebolla y tomates secos o con su quiche de puerros. Se me da fatal lo de meditar...
Su sopa de mijo está buenísima (y no te pone la cara de pena que ponen las sopas macrobióticas), sus ensaladas son excepcionales, las pizzas tienen mucho encanto, hay una sabrosa selección de Supremas de Pollo de Corral (es un vegetariano tolerante, Vegaviana, y la suprema con puerros y queso azul es una maravilla). Los postres, obra de un cocinero italiano feliz y con muy buena mano para el dulce, son deliciosos. ¡Bendito tiramisú!
Además, tiene unas infusiones digestivas agradables y bienhechoras y te premia con un chupito de licor las noches de frío y heladas (y también las de verano y las de primavera y las de otoño)
Total que a mí me gusta un montón Vegaviana (que, además, tiene un precio realmente módico y anticrisis) y no sé si servirá de mucho como prevención prenavideña -sobre todo por el Tiramisú y los licores de flores- pero, en lo que a vegetarianos madrileños se refiere, es mi predilecto sin discusión posible.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










